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31/12/2010   Informe Anual 2008 - 2010 La libertad de prensa en Venezuela

Durante el período de dos años que cubre el presente informe, el periodismo venezolano debió lamentar las muertes violentas de seis trabajadores de la prensa...

Pierre Fould Gerges, vicepresidente del diario capitalino Reporte dela Economía; el columnista y editor Orel Sambrano, en el estado Carabobo; el joven fotógrafofreelance, Jacinto López, en la ciudad de Barquisimeto; el reportero y ancla del canal RCTV Internacional, Javier García; William Hurtado, conductor de las unidades móviles del diario Las Noticias de Cojedes; y Jorge Durán, fotógrafo adscrito al Ministerio de Relaciones Interiores y Justicia.

En al menos dos de los casos de la luctuosa lista, la versión definitiva de las autoridades descartó alguna conexión entre la labor periodística de las víctimas y los ataques mortales que sufrieron. En otro, la investigación judicial atribuyó el asesinato de Sambrano a un encargo de capos del narcotráfico. Pero en los restantes tres -incluyendo el deceso de Durán en extrañas circunstancias durante una asignación en una zona selvática al occidente de Venezuela- las pesquisas efectuadas no han sido ni oportunas ni suficientes para identificar a autores y motivaciones de los crímenes.

 Amén de ratificar la leyenda negra del periodismo como una de las profesiones más letales, la relación de quienes ofrendaron su vida a propósito de su trabajo reporteril o de un estilo de vida asociado a los medios, permite constatar en Venezuela dos condiciones endémicas que alientan el uso de la agresión a la hora del ajuste de cuentas con los medios por parte de los poderes constituidos o fácticos que se consideran afectados por su cobertura:

 a) E l predominio de una atmósfera de violencia general, no sólo de la retórica política, que incluye a la delincuencia común y delincuencia organizada, y cuyas exacciones cotidianas podrían perfectamente servir de camuflaje para atentados de motivación política.

 b) La mora por lentitud, incapacidad o desinterés de las autoridades judiciales en el desarrollo de las investigaciones necesarias para determinar responsabilidades y penas. Pero las consternaciones ocasionadas por cada una de estas sentidas bajas no pueden ocultar el hecho de que el grueso de las acciones contra la libertad de prensa en Venezuela permiten describir -no sólo en comparación con otros entornos vecinos, como los de México y Colombia, sino en sí mismo- un cuadro de guerra continua contra la prensa pero de baja intensidad.

 Como se verá más adelante, el período anual 2009-2010 representó el segmento de mayor violencia jamás registrado por Ipys Venezuela: 147 alertas se emitieron para reportar incidentes, a razón de un ataque cada dos días y medio (o cada tres, si ampliamos nuestra visión a todo el período bienal que cubre de mayo de2008 amayo de 2010). Casi cuatro de cada diez incidentes correspondieron a la categoría "Ataques o amenazas contra la vida o integridad física del periodista". Pero, ¿qué tipo de ataque? Con enorme frecuencia, la reyerta a cargo de granujas callejeros que actúan ante la tolerancia, cuando no la complicidad, de cuerpos de seguridad. Luego, la propia acción represiva de grupos uniformados del Estado. A veces, tan sólo la amenaza que promete mayores daños a los reporteros y medios que no acomoden sus conductas a las exigencias del poder.

 Los números recogidos a lo largo del período por el Área de Monitoreo de Libertad de Prensa de Ipys Venezuela, junto a los testimonios personales que ofrecen algunos de los reporteros más frecuentemente mortificados por el acoso y la agresión, muestran la agonía diaria del comunicador que sale a la calle con una alta probabilidad de ser insultado, amenazado, impedido de acceder a una dependencia oficial o a una rueda de prensa por causa de un veto que aunque a veces no sea explícito casi siempre se da por sentado, y hasta probablemente de ser golpeado, secuestrado o retenido. El miedo y la precaución se hacen pauta.

 Las estadísticas también configuran el retrato hablado de la víctima promedio: hombre, trabajador de un medio televisivo de Caracas, sobre todo reportero o reportero gráfico. Es un blanco móvil y ha debido adaptarse a su nueva acreditación. Sus victimarios: grupos en apariencia silvestres de desconocidos que con frecuencia son simpatizantes del gobierno o se hacen pasar por tales. O efectivos de los cuerpos de seguridad del Estado. Unos y otros ejercen distintas representaciones del poder establecido pero seguramente coincidirán en un destino: no serán castigados por sus abusos.

 El Estado y sus instituciones también se han convertido en un azote recurrente, de baja intensidad pero sistemático, para la prensa. A diferencia de las acciones callejeras, indiscriminadas por naturaleza, las del Estado se desarrollan de manera selectiva, buscando dar escarmiento a toda la comunidad de iguales del castigado. También a diferencia de las acciones, El Estado y sus instituciones apelan -excepto cuando se trata de impedir el paso de reporteros "de oposición" a determinados eventos- a gestos de sofisticación de la llamada censura sutil. Leyes ad hoc para el control de los medios o consideraciones especiales para los medios en leyes sobre materias diversas; apertura de causas interminables urdidas en colusión del Poder Judicial con el Ejecutivo; la extorsión a medios vulnerables mediante el manejo de la pauta publicitaria de un Estado multimiillonario; la consagración del Estado como un magnate de medios, desde cuyos soportes de difusión a menudo se emprenden campañas de desprestigio contra periodistas y medios independientes; la compra de medios privados poco amistosos por parte de capitales amigos del régimen; y un discurso de permanente adjetivación pugnaz contra la prensa, entre otros: no son escasos los recursos de los que el

Estado viene disponiendo en su arsenal contra la cobertura independiente de medios. El objetivo es determinar, condicionar y, por supuesto, orientar esa cobertura hacia una versión unánime, la proclamada "Hegemonía Comunicacional".

 Un rasgo propio de la situación venezolana de libertad de prensa está en el enfrentamiento doctrinario, sistemático y avisado de viva voz que el Estado lleva adelante como una Cruzada contra los medios informativos a los que acusa de mentir e hinchar por la contrarrevolución. En la trinchera contraria, ante un adversario tan poderoso, el reflejo han sido la cautela y su otro síntoma, la autocensura, para evitar desenlaces como la doble clausura del canal RCTV en 2007 (salida del aire en señal abierta VHF) y 2009 (salida del aire por servicios de TV por suscripción). Inevitable protagonismo tuvieron en el período 2008- 2010 el canal 24 horas de información Globovisión y su equipo de reporteros, repetido blanco de vetos y agresiones. La relación de hechos registrados en el presente informe hace evidente una operación de acorralamiento e intimidación contra esa estación desde el gobierno nacional. Si bien sigue operando y cuenta con una audiencia restringida pero leal, en general identificada con la oposición política, resulta difícil afirmar que su necesaria postura de resistencia y atrincheramiento brinde las mejores oportunidades de desarrollo al periodismo.

 Este volumen da testimonio de todo ello. Desde 2002, el Instituto Prensa y Sociedad de Venezuela (Ipys Venezuela) alerta de manera instantánea a la comunidad internacional y a medios venezolanos sobre incidentes contra la libertad de prensa. Esa misma cobertura ha servido para presentar periódicamente reportes sobre esa situación. La lectura de esos reportes en secuencia permite identificar una clara tendencia de incremento en la ocurrencia de limitaciones y agresiones contra la prensa. Si la permisividad y aliento a los ataques llevan consigo una dinámica de escalada, cabe augurar peores tiempos para la prensa en el país, así como las ráfagas de viento suelen anunciar una tormenta.

 Se puede recurrir a la manida imagen del canario en las antiguas minas de carbón, cuyo silencio y posterior muerte por asfixia alertaban a los mineros sobre la presencia de gases de metano en concentraciones todavía inocuas para los humanos, pero pronto fatales -como lo fueron para la mascota.

De ese mismo modo, el deterioro de la libertad de prensa es un síntoma claro de una próxima enfermedad orgánica de la democracia. Las voluntades de control que hoy desde el poder estrangulan de a poco pero con persistencia las voces libres de los medios, atándolas con un corsé cada vez más estrecho de leyes, providencias, amenazas, ataques y sanciones, le van restando el aire de debate y pluralidad que aviva a la democracia.

 Sólo un periodismo corajudo y profesional, con el apoyo de una ciudadanía consciente y de la comunidad internacional, podrá evitar que la asfixia se complete.

 

Ewald Scharfenberg

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Trabajadores de la prensa asesinados desde el año 2005
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Violaciones a la libertad de prensa desde el año 2005
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Cristobal Peña
Ipys Rodríguez Reyna 0001